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Vincenti, Carmen Vincenti, Carmen
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Ensayos académicos: (bajo el nombre de Carmen Bustillo)

Reflexión sobre la lectura
Me sucede que siempre que entro a una casa donde no hay libros vuelvo a asombrarme. No todos somos lectores, desde luego, pero me resulta difícil entender cómo una familia puede sobrevivir sin una biblioteca, por más pequeña que ésta sea. Cómo hay gente que nunca ha descubierto el goce que puede proporcionar la lectura.
Hace poco, la Fundación para la Cultura Urbana publicó un libro de Petruvska Simne (con excelentes fotos de Vasco Szinetar) que agrupa artículos y entrevistas de variados escritores venezolanos sobre por qué escriben. Interesante pregunta que no deja de tener vigencia y que ha constituido el punto de partida de múltiples volúmenes en geografías y tiempos diferentes. Aquí me motiva explorar por qué se lee, cuáles son las motivaciones del lector común que siempre tiene un ejemplar sobre su mesa de noche, o que espera con ilusión los días de vacaciones que le permitirán solazarse por horas con las páginas de un libro.
Avanzo una primera conjetura: porque la realidad no le es suficiente y necesita asomarse a espacios, personajes y momentos que lo arranquen por ratos de su cotidianidad. Lo cual no es necesariamente evasión, a menos que se convierta en práctica obsesiva que desdibuje las líneas de su entorno. Es asomarse a otros mundos, al funcionamiento de otros seres y otras circunstancias, aprender de ello a la vez que otorgarse placer.
Ello se aplica sobre todo a la literatura de ficción, dirán muchos, y la televisión y el cine ofrecen lo mismo con creces. Cierto, pero sólo en parte: el grueso del material gráfico responde, como es bien sabido, a un juego de oferta y demanda que con todas las excepciones del caso se sustenta en complacer lo que el espectador cree que quiere, sin exigirle ninguna participación activa. Por el contrario y sin entrar en la ya algo ajada discusión sobre cultura de masas me atrevo a afirmar que hasta la narrativa más codificada dentro del género de best seller, como mínimo requiere del lector la imaginación que le permita visualizar ambientes y acciones, articular su propio ritmo al de la historia. Quien haya leído y luego visto en el cine las aventuras de Harry Potter probablemente se lamentará aunque no esté consciente de la restricción que la imaginación de otro(s) ha impuesto sobre sus propios vuelos acerca del niño triste cuyos dones lo obligan a crecer rozando extremos de la perversidad y el poder. Cualquiera que haya leído bien Cien años de soledad habrá captado que los límites de la fantasía no terminan en el yo sino que se extienden a comunidades enteras, marcando los imaginarios que construyen la historia de los pueblos.
Segunda conjetura: hay personas que necesitan entender el mundo más allá de su apariencia superficial. Personas a quienes no les basta el apresurado movimiento de trabajo, hogar y diversión de la vida ordinaria, que miran a su alrededor y se percatan de un universo con frecuencia ininteligible y un actuar humano demasiadas veces incongruente, contradictorio, incomprensible. Este tipo de lector no sólo acude a la ficción; quizás prefiera el ensayo, el análisis histórico, la elaboración biográfica o psicológica para penetrar, por ejemplo, en las razones de ciertos colectivos para dejarse invadir por un autócrata, fenómeno que ha alcanzado a las sociedades más distantes y distintas; el conocimiento de la edad media europea arroja luces importantes sobre un devenir latinoamericano que ha tenido que saltarse etapas completas de evolución histórica y social; la revisión de las manifestaciones artísticas que cruzaron del siglo diecinueve al veinte aportan todos los datos del fin de una civilización que hoy sufre las incertidumbres de la posmodernidad.
¿Y qué se puede decir del lector de poesía? Es el menos común, desde luego. Poca gente se da la oportunidad de asomarse a lo que, si se atreviera, le permitiría casi siempre en pocas frases, en imágenes claves encontrar la cifra de sentimientos, anhelos, ideas. Leer a Borges, a Octavio Paz, a Rafael Cadenas, es una experiencia que lleva a reconocernos frente al espejo, a advertir que no estamos solos, ni siquiera en aquellas pulsiones inconfesadas que en algún instante de insomnio nos han hecho sentir totalmente diferentes a los demás.
Es lastimoso que tanto adolescente problematizado no haya sido orientado nunca a buscar en la palabra escrita el reflejo de sus inquietudes, de su desubicación en un orden que lo aprisiona y que rara vez puede cuestionar más allá de la puerilidad o la autodestrucción, creyendo firmemente que está descubriendo el Mediterráneo, que sus movimientos destemplados son inéditos y lograrán sacudir su pequeño planeta; es deplorable que no se le haya hecho sospechar siquiera que en la medida en que sepa manejar mejor el lenguaje será capaz de formular desde el pensamiento hasta la expresión oral, con mayor precisión y gama de matices, sus sensaciones, sus inseguridades, sus pasiones, sus inconformidades: verbalizarse, en suma. En muchos casos porque de niños en el colegio, en su casa, en la cuadra o en el parque nadie les trasmitió con suficiente fuerza que existen otros horizontes, otras vidas, que el ciclo de inserción en la sociedad es un rito de iniciación que cada generación atraviesa. Que las aventuras y desventuras de sus héroes son proyecciones de sí mismo, que los monstruos de los relatos infantiles son representaciones de la maldad que todos llevamos dentro, que los caminos se hacen al andar, que nunca hay que dejarse vencer por la desaparición de algún sueño. Todo eso está en los libros: cuentos, novelas, poemas, ensayos. No para dar respuestas de tranquilizadora mansedumbre: las crisis no desaparecerán, podrán incluso sobrevenir peores. Pero al menos serán pensantes y el joven tendrá mejores herramientas para enfrentarlas.
Resultaría tremendamente cursi decir que una casa sin libros es como una casa sin alma. Pero es verdad. El ser humano es tan pequeño, su vida es tan prescindible, que si no establece una conexión de sentido que lo traslade más allá de sí mismo pasará por la vida sin saber que pasó ni qué pasó. Y esa conexión de sentido difícilmente estará en el sangrero que se desprende de la pantalla desde las numerosas trifulcas entre policías y ladrones, secuestradores y asesinos (si se anda a caza de suspenso, lo invito a buscarlo más bien en una novela como Plenilunio, 1997, del español Antonio Muñoz Molina, alucinante exploración de una mente criminal que es a la vez modelo de estructura narrativa y manejo del idioma).
Si se trata de conocer y disfrutar, de trasladarse sin dejar de estar, de tratar de entender(nos), el cine y la televisión son mecanismos estupendos pero no son los únicos ni copan nuestros destinos. La literatura venezolana compitiendo al lado de la producción latinoamericana y de otros continentes ofrece hoy uno de sus buenos momentos, tanto en cuanto a novedades y reediciones de ficción, poesía y ensayo, como a una buena variedad de editores dispuestos a zarandear el mercado. El placer y el reto están allí, para todos los gustos.
Obras recomendadas
Los libros que sellaron mi pasión por la lectura comenzada a muy temprana edad fueron dos obras de muy diferente corte: Las aventuras completas de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle; e Ifigenia de Teresa de la Parra. Con Holmes aprendí la emoción del libro que espera al volver a casa y los imponderables atractivos de la deducción; con Ifigenia hubo un contacto decisivo en cuanto a sensibilidad femenina. Otros inolvidables han sido Los miserables de Víctor Hugo fascinante universo autónomo de múltiples facetas; Crimen y castigo de Fedor Dostoievski, por el tremendo impacto que me produjo la inserción en la mente del personaje; Cumbres borrascosas de Emily Brontë, por su insuperable intensidad; Casa de muñecas de Henrik Ibsen: la magistral percepción de los roles femeninos; Las ciudades invisibles de Italo Calvino la imaginación libérrima; Cien años de soledad de Gabriel García Márquez fue como descubrir de nuevo el poder de la palabra, y de El obsceno pájaro de la noche de José Donoso, ese mundo fantasmático que obliga a repensar las oscuridades del ser humano.
| comentarios (2) >> |
escrito por elsie, septiembre 10, 2007
Hola buenas dios te bendiga espero que estes bien y hacia adelante y nunca te olvides del senor, pq el viene proonto a venirnos a buscar . cuidate hasta pronto sigue con ese talento que Dios te ha dado.
escrito por ROMINA SOLEDAD VINCENTI, junio 04, 2008
MIERCOLES 4 DE JUNIO DE 2008
Hace tiempo que tu boca no peca por cantarme
Como un rio que empapa el secreto de mi juventud enamorada
Y detrás de las sombras de tu ausente cruz lo dejas estallar
Apagando el incendio natural del campo, en el cálido altar de nuestra fe.
Pasión y añoranza es tu voz junto a una nota de guitarra
Cuando te sientas de frente a tu alma y le intentas silbar
Sabiendo que solo ella sabrá de tu sincero cantar
Y tú con tus penas serás su recuerdo en la soledad.
Quisiera poder abrazarte y sentir más de un latido de tu espíritu
La luna ya no quiere alumbrar mis noches
Porque extraña de tu oración más profunda
No quiere que pierdas tus sueños sabiéndote lejos de lo más sentido.
Y el sufrimiento que te duerme es el que sin más te glorifica
Y entonces se eclipsan tus ojos para dar frente a la corona del sol,
Acumulando colores aun sin saber
Que sería la última vez que compartirías tal distancia de tu encanto
Jamás volverías, ni volarías tan alto
¿Pues la muerte a ti no te resucitaría?,
Tú eres un dios de pétalos de lirios sin flor
Por vivir sin amor, sin cielo,
Un autentico pájaro errante.
ROMINA VINCENTI
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