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Miriam Marinoni, Carmen Vincenti y El Lector interrumpido conversan sobre El gran Gatsby

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Grupo El lector interrumpido

  1. Participantes: Nelson Cordido, Eurídice Zamora
  2. Fecha: Abril, 2009
  3. Escritor invitado: Miriam Marinoni y Carmen Vincenti
  4. Autor: Francis Scott Fitzgerald


El gran Gatsby, de F. S. Fitzgerald

Grupo El lector interrumpido  / Escritor invitado: Miriam Marinoni y Carmen Vincenti

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Francis Scott Fitzgerald y su gran amor: Zelda  

I.

El encuentro con Miriam Marinoni y con Carmen Vincenti, invitada especial, estuvo envuelto en un clima mágico, iluminados solamente por la vela que estaba en la mesa al aire libre del Café Arábica, lugar que ya se ha convertido en oficial para los encuentros del Lector Interrumpido.

Miriam, en un excelente análisis de El gran Gatsby, nos hizo notar algunos aspectos que quizás habían pasado desapercibidos como por ejemplo: la burla sutil y exquisita de Fitzgerald a la alta sociedad newyorkina de la época, frívola, que se aburría pero no era capaz de dedicarse a actividades que enriquecieran el espíritu humano. Y Gatsby con esas grandes fiestas en las que casi no participaba y con invitados a los que no conocía, tratando de llamar la atención de su vecina, su eterno amor. 

El gran Gatsby  junto con Manhattan Transfer del también escritor de La Generación Perdida, John Dos Pasos, son las obras que probablemente mejor reflejan el materialismo de la sociedad norteamericana justo antes de la Gran depresión.

Gracias a Miriam y a Carmen por tan agradable velada.

 

Por Nelson Cordido Rovati

II.

Si tuviera que poner, en lugar de título, una frase comprimida de esta tertulia con la escritora Miriam Marinoni, sería : ¡un encuentro sugestivo! Cuando este encuentro llegó a su fin, los integrantes del equipo de lectura urbano El Lector interrumpido, echamos de menos este rato grato y estimulante por parte de una escritora que desde el primer contacto mostró cuán responsable y querible sería con nosotros. El libro fue imposible conseguirlo. Miriam le hizo copia, y muy atenta nos concedió este momento sobre Gatsby. Fue puntual al alertarnos que su especialidad es la literatura latinoamericana. Sin embargo, hizo un aparte para nuestro grupo de lectores. ¡Muy agradecidos! 

Cada vez más nos damos cuenta de que el encuentro con un escritor está sobre todo lleno de una mirada del mundo distinta a la que nos da el mundo corriente, y cuando nos acercamos a un libro, y tenemos la dicha de toparnos con un escritor, entendemos que con leer un libro no es suficiente, o al menos queda una porción que llenar: hablar con un testigo de la escritura.

Con Miriam Marinoni entramos al mundo de Scott Fitzgerald, su contexto, y El gran Gatsby. Marinoni extrajo lo que de mito griego tiene esta obra, también de “La Cenicienta” y “El patito feo”, en fin lo que está detrás de la estructura del texto, el jazz tan recurrente en su superficialidad, que constantemente roza esta obra (jazz: sexo, música y baile). Por su parte, Carmen Vincenti acotó la relación entre El gran Gatsby y “Eros y Psique” de Apuleyo. Con Marinoni charlamos en breve del submundo de la mujer que escribe, de cómo es que ella se acercó a la escritura y las maneras de las que se valió para aprender la letra a pesar del desapoyo. 

Para todos los que nos encontrábamos aquella noche, menos yo, El Gran Gatsby no sorprendió. A mí me encantó, me pareció estupenda. (Montones de frases hechas a mi medida). No he visto el filme que la llevó a la fama (la fama también es superficial), pero dudo que pueda ganarle. Por ello va este párrafo, sin duda Scott le dio prestancia. De Gatsby el gran anfitrión, Scott alguna vez usó esta frase que me encantó, como preámbulo a la superficialidad hecha palabra: 

Esbozó una sonrisa comprensiva: mucho más que sólo comprensiva. Era una de aquellas sonrisas excepcionales, que tenía la cualidad de dejarte tranquilo. Sonrisas como esa se las topa uno sólo cuatro o cinco veces en toda la vida, y comprenden, o parecen hacerlo, todo el mundo exterior en un instante, para después concentrarte en ti, con un prejuicio irresistible a tu favor. Te mostraba que te entendía hasta el punto en que puedas ser comprendido, creía en ti como a ti te gustaría creer en ti mismo y te aseguraba que se llevaba de ti la impresión precisa que tú, en tu mejor momento, querrías comunicar…” 

  

Por Eurídice Zamora

 

 

Blog de El lector interrumpido: http://ellectorinterrumpido.blogspot.com    

 

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