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Los borrachos o El triunfo de Baco

  1. Autor: Diego Velásquez
  2. Fecha: 1628
  3. El tango "Los mareados" es, según los entendidos, una conjución perfecta de la poesía de Enrique Cadícamo y la música de Juan Carlos Cobián

Los mareados 

I

Fue como si nos hubiéramos portado muy mal, como si hubiéramos cometido una falta gravísima y, por lo tanto, nos mereciéramos el castigo. Empezamos la Semana Santa así, con la sorpresa de que el Gran Maestro, ése que conjuga verbos insólitos como “adquerir”, nos había dejado sin recreo. De hecho, desde mis felices años de primaria, secundaria y bachillerato no me sentía así, minimizado y maniatado por un poder de mentiritas, que expira al poco tiempo, como es el poder que tienen los maestros en el colegio.

            Ya terminó la Semana Santa y al frescor de la primera cerveza legítima en muchos días puedo pensar con más detenimiento sobre los extraños efectos de la ley seca en los venezolanos durante la semana mayor de este año 2007. Todo el país lo vivió como un inesperado e incomprensible castigo. Un castigo de particular dureza, al menos en su intención, ya que nos castigaron no por un hecho específico sino, simple y trágicamente, por ser como somos: un gentilicio borracho, fiestero, trabajador, que no respeta leyes.

            Este golpe de regleta en la mano no deja de sorprender, pues el Gran Maestro se ha caracterizado precisamente por exaltar y dar rienda suelta a nuestros más bajos placeres históricos como venezolanos. Era tan triste y desolador transitar por las calles de Caracas durante estos días de asueto (calles vacías, locales vacíos) que no pude sino recordar los días aciagos del paro cívico de hace unos años. En esos días llegué a la conclusión de que Caracas es un gran estacionamiento y sus habitantes (y este criterio aplica a todo el país) vehículos irascibles y bullangueros que funcionan a punta de cerveza.

            Hoy día me resultan más elocuentes las principales medidas tomadas por el gobierno en aquella época: liberar, a como diera lugar, con todas las armas de la violencia legal, la gasolina y la cerveza. Vuelvo a ver el buque Pilín León, con sus cuarenta y cuatro mil litros de gasolina renuentes, anclado en el medio del mar. Veo al general Acosta Carles (actualmente gobernador de Carabobo) eructándole en el rostro a una periodista mientras liberaban “a la catira” y “al osito”, graneándose así el respeto viril de todos los seguidores del gobierno al restituir a las manos (o a las gargantas) del pueblo uno de sus más preciados tesoros.

            ¿De dónde vino entonces esta inesperada ley seca en Semana Santa? ¿Se trata de una vergüenza súbita del Gran Maestro con respecto a las necesidades y costumbres más arraigadas de su propio pueblo? Quizás esta ley seca ya estaba anunciada en el comentario elogioso y admonitivo del Presidente cuando destacó, de regreso de unos de sus tantos viajes por el mundo, la rectitud del pueblo y del gobierno iraní que prohibía, inflexiblemente, sin importar tiempo y lugar, el consumo de alcohol.

            Las razones oficiales, en este sentido, fueron concretas: reducir durante la Semana Santa el número de accidentes de tránsito y de muertes que produce la ingesta de alcohol. Los resultados oficiales producto de la aplicación de la ley seca son extraños y, sin embargo, predecibles: una disminución insignificante de accidentes de tránsito y un aumento de casi 30 % del número de muertos en las carreteras con respecto al año anterior. El análisis que a partir de estas cifras realiza Antonio Rivero, el director de Protección civil, es una cantinfleada memorable: según Rivero el alza en el número de muertos en carreteras se debió, en gran parte, a un “factor psico-social” que denominó “desquite” o “rechazo al cambio”. Según este análisis, algunos temporadistas expresaban su oposición a la ley seca cuando manejaban a altas velocidades. "Las personas tomaron menos, pero corrieron más", expresó. Así lo recoge un reportaje de Javier Ignacio Mayorca en El Nacional del día martes 10 de abril.

            El año pasado murieron 94 personas en las diferentes autopistas y carreteras del país durante Semana Santa. Este año murieron 121, de ahí el incremento de casi 30 % que ya mencionábamos. Siguiendo los particulares “razonamientos” del director de Protección Civil, hubo 27 personas, 27 borrachos fervorosos y kamikazes, que prefirieron la muerte antes que acatar de forma sumisa la herejía de la ley seca. 27 héroes envueltos en la aureola difusa del alcohol que se sacrificaron con el objetivo de desarticular los posibles logros de la imprevista disposición gubernamental.

            De ser cierta la suposición absurda y macabra del director de Protección Civil, entonces todos los demás borrachos o simples bebedores del país, todos aquellos que en lugar de oponerse a las leyes decidieron hacer sus compras nerviosas antes de las cinco de la tarde, todos ellos, todos nosotros, deberíamos beber en honor a los caídos. Un homenaje sentido y etílico a aquellos que ofrendaron sus vidas para defender el derecho legítimo que todos los mareados tenemos de descansar, de dejarnos ser en amistad, juntos a los amigos y los amores perdidos, bebiendo una copa de vino, una cerveza, un trago de whisky o una cuba libre; porque el alcohol, y eso sólo lo niegan los seres viles, diluye las fronteras de las almas y les permite, sin abandonar el cuerpo, abrazar a otras.

            II

Me enteré esa noche que existía un famosísimo tango llamado “Los mareados”. Lo cantó, con la voz y nuestros corazones en vilo, Marinela, justo antes de marcharse, para que su presencia no se borrara, para que no se terminara de marchar. Marinela es tía materna de mi amigo Ricardo y sabe cantar muy bien. Mi amigo Ricardo, que vive en Barcelona, España, y que estuvo los días santos de visita en Caracas, también sabe cantar muy bien, aunque ninguno de nosotros, sus amigos, lo sabía.

            La ley seca, ese implante medular que modificó el biorritmo del país por más de una semana, propició un encuentro imprevisto entre viejos amigos de colegio. Con tanta sed prepagada, nadie se atrevió a salir de Caracas y la mayoría prefirió esperar otros asuetos para volver a la playa o a la montaña. De modo que un poco por fuerza y otro tanto por entusiasmo estábamos todos allí. Me embargó, como siempre que veo al grupo reunido, la misma extraña fascinación. Casi diez años después nos seguimos frecuentando. Seguimos siendo, los unos para los otros, un afecto constante y presente. Había ron, whisky y vodka, proveniente de las reservas de cada hogar. Las bebidas se juntaron como ardorosa colecta en las mesas y en nuestros cuerpos. Bebíamos, reíamos, conversábamos. Con el paso de las horas el alcohol comenzó a protegernos, como una reserva de fuego, del frío imperante en aquella casa de la urbanización Los Guayabitos. Comenzaba a rociar las conciencias, bañándolas en un agua que tenía mucho de protesta y de encendida complicidad.

            Ricardo ya tenía unas tres semanas en Venezuela y sólo lo vi en esa fiesta sabatina de Semana Santa, organizada un par de días antes de su regreso. Con un poco de vergüenza le pedí disculpas por no habernos visto antes. Últimamente he estado un poco distraído, le dije, o quizás sólo lo pensé. Luego pensé en Malena, allá en París, y la culpé tiernamente con un beso invisible de que me hubiese impedido ver a mi mejor amigo del colegio por estar todo el tiempo pensando en ella.

Creo que para ese instante, el de las vergüenzas íntimas y los besos invisibles, ya Ricardo estaba armado con su guitarra y había comenzado a cantar. Su voz fue un manto abrupto que nos rodeó y que hizo que nos acercáramos. A la segunda canción todos lo rodeábamos y éramos una fogata espontánea. Cada cuerpo era una flama encendida que se ajustaba al viento de la música y todos cantábamos al mismo ritmo, llevados y traídos de vuelta por una misma oscilación. Me dieron ganas de viajar, de perderme muy lejos, sólo para poder regresar.

Cuando Héctor comenzó a tocar la guitarra suavemente, así como con pasos de araña, pues Ricardo se la había cedido para que acompañara a Marinela en una última pieza antes de que se marcharan, me di cuenta de que Ricardo tocaba muy bien algunas piezas y otras no tanto. Quiero decir, me di cuenta de la exactitud y la delicadeza que marca la diferencia entre un músico de formación y largo aprendizaje como Héctor y alguien como Ricardo, cuya pasión musical, desmelenada e irregular, le hacía tropezarse discretamente en la cuesta ardua de algunos acordes. No obstante, entre Héctor y Ricardo no había roce ni contraste, más bien un entrañable acoplamiento de la constancia y la euforia. Esa noche fue un concierto en todo el sentido de la palabra.

Recuerdo que Héctor rasgaba las primeras notas. Marinela detuvo su ronda de despedida y sin decir “agua va”, comenzó a destilar aquellos versos, la letra de un tango que sin hacer caso de ninguna ley seca nos humedeció las miradas. Marinela también lloró discretamente al final. Éramos pura desobediencia líquida. Un complot sentimental. Todavía recuerdo los versos que me timbraron aquella noche, envueltos en la fina voz de Marinela:              

             

Esta noche, amiga mía,

el alcohol nos ha embriagado...
 
¡Qué importa que se rían

y nos llamen los mareados!

Cada cual tiene sus penas
 
y nosotros las tenemos...

Esta noche beberemos

porque ya no volveremos
 
a vernos más...

 

            Y es verdad, me dije esa noche, ¿qué importa que se rían?, ¿qué importa que cada vez nos regañen y acosen más? Si de todas maneras estoy aquí, en la dulce conspiración de la amistad, diciendo adiós a un gran amigo. Si todavía sigo fugándome de lo inmediato extrañando a los que se van.          

Rodrigo Blanco Calderón

 
comentarios (5) >> feed
Q ridicules
escrito por krlita, marzo 28, 2008

Por Dios q Ridicules :- smilies/angry.gif

eeh?
escrito por cbas, noviembre 25, 2008

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miraaaa miraaaa !

estàn en el cine !
escrito por cbas, noviembre 25, 2008

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...
escrito por cbas, noviembre 25, 2008

me dice que tengo que escribir un nuevo comentario!
que llena bola ete locoo...que le digo ?





ya sè!



NEXT! smilies/cheesy.gif

sssshhhhhhh
escrito por cbas, noviembre 25, 2008

quiere massss comentarios!

llamaa a maa
no quiero tar mas en ete lugar smilies/sad.gif

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