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"No es la miseria lo que me atrae como cronista: es la derrota". (Alberto Salcedo)

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El Pancho de Piedra de mar, según su mejor amigo: Eduardo Mayobre.

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Nuestros Autores

Intentado escribir una tesis sobre sobre el absurdo en Albert Camus, ganar las elecciones del Centro de Estudiantes de la Unimet y mantener estas actualizaciones al día, venimos con todo: nuestra querida amiga, Enza García se alista finalmente en Nuestros Autores. Y con motivo de los 40 años de Piedra de mar de Pancho Massiani, su amigo y compañero de caminos, Eduardo Mayobre, nos cuenta las aventuras que hay detrás de Corcho y Carolina en Escrituras. Finalmente, Adriana Bertorelli entrevista vía email al escritor y cronista Alberto Salcedo, calientico desde Colombia en Entrevistas. Por último, unas ideas sobre el rock and roll y el mítico jugo de los caleidoscopios, insipirado en la lectura de los cuentos del escritor venezolano, Carlos Ávila. Sin más...¡a leer se ha dicho!

Paola Romero
Coordinadora de Nuestros Autores. Logística. Dirección
Contacto: paolaromero86@gmail.com

En mayo

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Entre letras y vinil
 

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Hablaron hasta que amaneció.
Nada de cama, sólo música y palabras.
 

 

Putas asesinas
Roberto Bolaño

 

 

La primera vez que leí a Carlos Ávila había colocado minutos antes en el tocadiscos de mi padre el disco de pasta Dark Side of the Moon de Pink Floyd, año 1973. Mientras corría la aguja por aquella pieza magistral, mis ojos recorrían con gusto los 8 cuentos que conforman el libro del joven escritor venezolano.

 

Acción deliberada o coincidencia azarosa, el hecho es que avanzando en estos relatos me di cuenta de que había algo de rock and roll en todo lo que leía: una Caracas que amanece y desaparece, encuentros policiales, una adúltera que habla de Javier Marías, un cine en Maracaibo que proyecta a Marlon Brando y a María Schneider bailando un último tango en París, entre tantas otras notas, todas ellas armónicamente compactas en este libro de genial título: Desde el caleidoscopio de Dios.

 

Investigando un poco sobre este título, llegué a dar con la historia del caleidoscopio: fabricado por primera vez por el escocés Sir David Brewster en 1816, el caleidoscopio ha sido desde el silgo XIX, más que un aparato de disfrute a la vista de los curiosos, un artefacto único e irrepetible, de alto valor coleccionable para los expertos en la materia. 

  

Image Conformado etimológicamente de las palabras griegas kalós (hermoso, noble, puro), éidos (visión, forma, idea, imagen) y scopéo (ver, observar, representar), el caleidoscopio está compuesto por tres espejos que forman un prisma reflectante. En la parte interior se encuentran dos láminas traslúcidas que encierran los objetos de colores cuyas imágenes se ven multiplicadas simétricamente al girar el tubo.

 

Este mítico artefacto es infinito en su capacidad a la hora de crear imágenes caleidoscópicas. Necesitaríamos de quinientos millones de milenios para efectuar todas las combinaciones posibles gracias a un puñado de trozos de vidrios coloridos y tres espejos planos.

 

En Pink Floyd hay mucho de esto, y en los relatos de Carlos Ávila también: imágenes multicolores, visiones distintas de la realidad, personajes que saltan de un cuento a otro, cambiando su voz en cada uno y también su destino. Al igual que en la música, en la literatura existe un elemento lúdico, un deseo de convertir piezas azarosas, imágenes desordenadas y recuerdos fortuitos en arte y en expresión. El músico juega con los sonidos, los timbres, las alturas y las melodías, en cambio el escritor juega con la materia prima de esa masa amorfa que es la imaginación.

 

El tono desentendido y jovial que narra y entrama los relatos de Desde el caleidoscopio de Dios, nos invita a ver a través del agujero de la ficción un mundo dominado por la soledad, la nostalgia, el deber y el rock and roll. Desde Caracas hasta Normandía, los personajes y las voces van penetrando en el alma del anciano, del drogadicto-punk, de la mujer adúltera, del joven adolescente y de la mujer que sueña cada mañana con ser amada. Todos estos personajes, aunque en circunstancias y contextos distintos, son finalmente uno solo: el hombre que toma conciencia de que está solo en el mundo.

 

La mirada indiscreta del narrador nos permite intuir este hilo conductor que atraviesa cada uno de los relatos, dejándonos una sensación de unidad y coherencia a lo largo de la lectura. Es el humor y las situaciones casi inverosímiles los que permiten al lector seguir dando vueltas a ese caleidoscopio con ánimo y curiosidad, mientras avanza en las combinaciones de personajes, sentimientos, hallazgos y sorpresas que con tan delicada pluma crea su autor.

 

Image Una de las constantes mejor trabajadas en estos relatos es la figura y la idea de la mujer, personaje lúdico y enigmático por excelencia. La mujer está presente como fuente de inspiración, como aquella pieza que desequilibra el orden tácito y preestablecido de los juegos de la vida y de la literatura. No importa quién es esa mujer, cuál es su cara y cómo es su cuerpo, su idea es más abstracta, traspasa las particularidades del ahora para colocarse en un único lugar, en el estado que le es más natural: en la memoria de los “recuerdos inventados”, en la imaginación del autor que la crea y recrea.

 

Me gustaría preguntarle al autor si realmente en el Cine Caracol de Maracaibo proyectan películas de Bernardo Bertolucci, pero sería igual que proponerme la inútil tarea de preguntarle a David Gilmore o a Roger Waters si volverán a tocar juntos y vendrán algún día al Poliedro. En la música, como en la literatura, hay combinaciones indescifrables, en música lo llaman “una pieza enigmática”, en literatura lo llaman ficción. Seguramente desde el caleidoscopio de Dios estas cosas se ven con mayor claridad.

 

 

Por Paola Romero

 

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Image Carlos Ávila: Caracas. 1980. Licenciado en Letras por la UCV. Obtuvo del 3er lugar en el IV Festival Literario Ucevista (2002), con el relato Las vacas de Normandie, y del 2do lugar en el V Festival Literario Ucevista (2003), con el relato Desde el caleidoscopio de Dios. Premio Nacional Universitario de Literatura 2004, mención narrativa, con el libro de relatos Desde el caleidoscopio de Dios, así como también una mención honorífica en la V Edición del Concurso Nacional de Cuentos SACVEN (2005), con el relato Los sueños de María Constanza.  

Obra publicada: Desde el caleidoscopio de Dios. Editorial Equinoccio. 2006  

 


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